An indispensible classic of French poetry, this is a new translation of Breton and Soupault's experiment with automatic writing, and also the first known work of literary surrealism. In the spring of 1919, two young men, André Breton and Philippe Soupault, both in a state of shock after World War I, embarked on an experiment. Sick of the literary cultivation of "voice," sick of the "well-written," they wanted to unleash the power of the word and to create "a new morality" to replace "the prevailing morality, the source of all our trials and tribulations." They had a plan. They would write for a week on every day of the week and they would write fast, as fast as possible, in complete secrecy. When the week was over, the writing would be done. No touching up. This was how The Magnetic Fields, the first sustained exercise in automatic writing, came to be. Charlotte Mandell's brilliant new translation reveals a key work of twentieth-century literature.
André Breton fue un escritor, poeta y ensayista francés considerado el principal fundador y teórico del surrealismo. Nacido en 1896 en Tinchebray, Francia, estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la Primera Guerra Mundial, experiencia que despertó su interés por el inconsciente, los sueños y las teorías de Sigmund Freud. Tras vincularse inicialmente al dadaísmo, Breton impulsó el movimiento surrealista en la década de 1920 mediante manifiestos, revistas y experimentos de escritura automática. Su influencia trascendió la literatura y alcanzó la pintura, el cine y la filosofía, convirtiéndose en una figura central de las vanguardias europeas. Básicamente, si el surrealismo tuvo un director técnico, Breton llevaba el silbato y probablemente también un pez flotando sobre la cabeza.
Entre sus obras más importantes se encuentran Nadja, Los vasos comunicantes, El amor loco y El arte mágico, ensayo donde reflexiona sobre la relación entre creación artística, simbolismo y pensamiento mágico a lo largo de distintas culturas y períodos históricos. Breton defendía el arte como una vía de liberación mental y transformación de la realidad, alejándose de las restricciones racionalistas tradicionales. Aunque su personalidad generó tensiones dentro del propio movimiento surrealista, su papel como impulsor intelectual y organizador fue decisivo para consolidar una de las corrientes artísticas más influyentes del siglo XX.