Este libro no busca consolar ni explicar: se escribe desde la cercanía con el abismo. Habla del miedo, del cuerpo como jaula, de la muerte como sombra persistente y de una mente que a veces se vuelve territorio hostil. No hay redención ni promesas de salida; hay cansancio, rabia, deseo de desaparecer y, aun así, una lucidez que insiste. La escritura aparece como un gesto mínimo de resistencia: no para curar, sino para nombrar; no para escapar, sino para quedarse un segundo más. Leer estos textos es aceptar la invitación a mirar de frente lo que duele, lo que tiembla y lo que, pese a todo, sigue respirando.
BIANCA FEBBRAIO
Barcelona, Españ
Julio 27 de 2025
La voz náufraga, en las Cartas Suicidas de Alexandra Rodríguez, proviene de ese lugar donde llegan las víctimas de la tristeza, intentando resguardarse del hálito de sus melancolías. Desde allí, comparte ideas y angustias, confesiones de quien ha decido poner punto final a un dolor insoportable.
Su prosa semeja botellas con mensajes lanzados al vacío, y la inutilidad de esperar respuesta. Es el testimonio del que ya no tiene razón para quedarse: oímos el sonido del sufrimiento, el oleaje de la desolación; la convocatoria de la muerte para que cumpla con su naturaleza.
Alexandra muestra las entrañas del suicidio; su ignorada valentía nos congracia con la idea de que es posible escapar voluntariamente de los infiernos personales. Su epístola nos salva al reconocer la fortaleza de quien acepta la derrota. Entonces, todas esas botellas que lanzamos regresan a la playa: somos siempre los destinatarios de nuestras propias preguntas.