Detrás de cada obra inolvidable, existe una historia que nadie escribió: un encuentro premeditado, un mensaje que llegó a tiempo, una idea sembrada en el momento preciso. Mientras el mundo celebra la grandeza de los autores, un guardián devoto vela en silencio para que sus historias puedan nacer.Raymundo Fosca, bendito y maldito con el don de la inmortalidad, y cuya historia dice haber inspirado una de las grandes novelas de Simone de Beauvoir, ha entregado su vida a dicha misión. Con la literatura por compañera fiel ante el paso inexorable del tiempo, y habiendo aprendido a recorrer los pliegues del pasado, decidió consagrar su existencia a preservar la delicada sucesión de instantes que hizo posible a los grandes clásicos tal y como los conocemos hoy.Basta un segundo para cambiar el curso de la historia. Basta otro para condenar a una obra al olvido… Basta un hombre inmortal para impedirlo.
Detrás de cada obra inolvidable, existe una historia que nadie escribió: un encuentro premeditado, un mensaje que llegó a tiempo, una idea sembrada en el momento preciso. Mientras el mundo celebra la grandeza de los autores, un guardián devoto vela en silencio para que sus historias puedan nacer. Raymundo Fosca, bendito y maldito con el don de la inmortalidad, y cuya historia dice haber inspirado una de las grandes novelas de Simone de Beauvoir, ha entregado su vida a dicha misión. Con la liter