Las coéforas, representada el año 458 a. C. en Atenas, es la segunda de las tragedias que componen la trilogía Orestíada. Toma su título del coro de sirvientas que acuden a dejar ofrendas en la tumba del rey Agamemnón, asesinado por su mujer Clitemnestra, ha vuelto del extranjero para vengar el crimen. Se reúne con su hermana Electra y juntos invocan la ayuda del padre difunto. Orestes mata entonces a Egisto y a su madre, y luego huye deshecho por la culpa y acosado por las Furias, aquellas deidades que en la mitología griega castigaban duramente el asesinato de un familiar, con independencia de la razón que lo haya motivado.
Esta obra fundamental de la literatura griega se ofrece aquí traducida en verso por el eminente humanista chileno Juan Rafel Salas Errázuriz. Publicada originalmente en 1904, fue celebrada tanto por Marcelino Menéndez Pelayo como por Miguel de Unamuno, quien en sus clases usaba precisamente esta traducción por considerarla "insuperable".
Esquilo, conocido como el padre de la tragedia griega, fue un dramaturgo nacido en Eleusis hacia el 525 a. C., cuya obra sentó las bases del teatro occidental. Su legado se caracteriza por la incorporación de un segundo actor en escena, innovación que permitió el diálogo dramático y transformó el género trágico en una forma más compleja y profunda. Participó activamente en las guerras médicas y esa experiencia bélica se refleja en piezas como Los Persas, la única tragedia conservada basada en hechos históricos.
Su producción teatral exploró los grandes dilemas humanos: la justicia, el destino y la intervención divina en la vida de los mortales. Ejemplo de su obra: Tragedias Completas, donde se incluyen ciclos como La Orestíada, considerada una de las cumbres del teatro universal. La fuerza poética de Esquilo, unida a su visión moral y política, consolidó un modelo que influiría en dramaturgos posteriores como Sófocles y Eurípides, marcando un antes y un después en la tradición literaria occidental.