Filogonia, donde ocurre la acción de esta segunda novela de Emilio García Riera, es una isla que huele a país latinoamericano y comparte territorio con otro país de lengua inglesa. En 1947 atraviesa vicisitudes históricas y políticas que dan fondo a un relato que entrecruza amores, amistades y conversaciones, discusiones políticas, observaciones sobre el ideal socialista y la utopía revolucionaria, con referencias cinematográficas tan esenciales al estilo del autor como su visión humorística de la existencia. Mujeres, amigos y un tío ofrece así el reflejo de una generación en el momento de entrar a la vida adulta, rite de passage cuya circunstancia padece el agobio de la exigencia del mundo y los sueños por cambiarlo, así como de la marcha ciega inseparable del destino propio. El libro acierta en el dibujo de esas sombras de bulto bello, con la lucidez y el desenfado que los lectores del autor reconocen como impronta de su estilo. Cerca del final de este relato, Gerardo, el narrador y protagonista de esta historia, hace una confesión al calor de la nostalgia de los días de juventud, amistad, conquistas amorosas y acalorados humores políticos. Dice así: "La imaginación te propone infinitas vidas y la realidad una sola. Dentro de ese absurdo, debo aclarar que he tenido lo que se entiende por vida feliz, y es jodido que haya que reconocerlo ante un inminente futuro de enfermedades y muerte."