Me he pasado la vida despidiéndome ¿ya te lo dije?
Con esa frase comienza un viaje que no es solo novela, memoria o confesión. No fuimos dioses es el mapa íntimo de un hombre que mira hacia atrás y hacia dentro buscando las piezas que lo hicieron quien es. Desde las calles soleadas de Cayo Hueso hasta el gris de Bruselas o el vértigo del DF, cada capítulo es una despedida: de una ciudad, de un amor, de un país, de un yo.
En diálogo constante con su yo niño, este narrador nos guía en espiral entre los escombros de recuerdos y sueños no cumplidos. Pero también hay humor, deseo, ternura. Hay guarapo y hay guerra. Y ese malecón que, más que un lugar, es una forma de estar en el mundo.
Este relato no ofrece certezas. Lo que ofrece es algo más honesto: la emoción de lo vivido y la belleza de lo perdido, de un individuo y su época. Y la sensación de que, aunque no fuimos dioses, sobrevivimos para contarlo.